
LA CENA JAPONESA
por Fanny
Tía, qué tal? Yo estoy superindignada con Robert; hace cuatro días que ni me llama ni contesta mis llamadas. Hasta ayer estaba fatal y hace dos días hundida que no veas...
Pero hoy, tal y como me he levantado y me he peinado, me he dicho a mí misma que ya está bien, que ya he llegado a mi tope de sufrimiento... Y mira qué top y qué zapatos me he regalado, ¿a que son superfabulosos?. Y ya no lloro más.
Y antes de que me lo preguntes: paso mil de Robert... Y lo que me hizo la última noche que quedé con él... Eso me pasa por liarme con pavos de 30, que se creen que lo saben todo.
Qué no te he contado lo que pasó?, ay tía, ves qué cabeza tengo... Anda pásame una chuche que necesito algo rosa para mi cerebro.
Pues mira: que el sábado por la noche fuimos a cenar a casa de unos amigos suyos superpijos que habían estado de viaje en Japón y nos querían enseñar las fotos y hacernos una cena japonesa.

Cuando llegamos al duplex de la pareja ésta me quise morir... Yo pensaba que iba a ser una cena entre los cuatro, pero no fue así. Aquello parecía una cena de la alta sociedad. Además de la pareja de superpijos había otra que eran profesores (imagínate el plan), que iban con un bebé adoptado de Rusia, porque ella estaba muy liada como para quedarse preñada. Más tarde llegó otra pareja: El tío superflaco, con gafas y boina era director de cine y la pava, superordinaría, trabajaba en un hospital.
Me agobié cantidad, pero a Robert no parecía importarle. Mientras yo me entretenía con el bebé, ellos discutían sobre cine o política... Un par de veces intenté decir algo, pero me ignoraron totalmente.
Sólo me prestaron atención cuando la conversación derivó hacia lo duro que era el trabajo de profesor y lo mal que está la educación por culpa de los alumnos... Tía, me acribillaron viva, cómo si yo tubiera la culpa de todo... Y Robert en vez de echarme un capote les daba la razón, sobretodo al tío que era profe de gimnasia, que solo veía maldad y lujuría en sus alumnos... Si no estuviera depilada se me pondrían los pelos de punta al recordar como hablaba, era como un jesuita apocalíptico.


Y luego llegó la cena. Tía, qué asco me daba todo... Había una especie de arroz hervido con carne picada (muy negra, como la de la comida de los gatos), setas y cosas como algas y lechugas superduras. Todo muy feo y agrio... Y cuando casi me muero es cuando veo que en vez de cubiertos hay palillos de madera, que, por supuesto no sabía utilizar.
Todos, muy amablemente, se rieron a costa mía al verme comer... Bueno: menos la del hospital, que comía como una leona y no levantaba la cabeza del plato.
Mientras los anfitriones contaban como habían hecho semejante plato y los profesores discutían sobre un trozo de madera vieja que el tío había metido en el congelador para matar las termitas, aproveché para tirarle mi comida al bebé, que , como debió de pasar mucha hambre durante sus primeros meses en el orferinato, se lo comió todo en un santiamén.
Luego pusieron una ensalada, aparentemente normal, que guardaba una siniestra sorpresa al final: Unos espagettis de color lila superasquerosos que me tuve que comer con la mejor de mis sonrisas. 
Y para acabar dicen que van a traer chuchis - menos mal- pensé... Y una mierda chuchis!!. Trajeron unos rollos de arroz con pescado crudo envueltos en un alga superdura. No veas qué asco daba comer eso, era como pegarle un bocado al mar de los sargazos. Les dije que tenía la regla y me fui a vomitar al baño.
Llegué a la mesa destrozada y encima Robert me regaña por haber dicho lo de la regla, que a sus amigos no les importa el estado en el que se encuentra mi ciclo menstrual.

Y para terminar la velada, todos a ver las putas fotos del viaje: casi 3000. Todos estaban fascinados con los paisajes y ciudades, yo muerta de sueño... Hasta se me saltaban las lágrimas del cansancio. Entre risa y risa de los invitados yo soltaba algún ronquido.
Y cuando sacan los regalos que les han traído de Japón... Por supuesto había regalos para todos... Menos para mí, que no habían caido... Quería que me tragase la tierra.
Total que harta de la velada le dije a Robert que por qué no nos íbamos, que estaba muy cansada. Y me dice que estoy cortándole el rollo, que menuda noche le he dado y que no he hecho más que ponerlo en evidencía todo el rato... Me dejó muerta. No sabía qué decir, así que me puse a llorar para ver si le daba pena y me pedía perdón y me sacaba de allí. Lo único que sacó fueron 50 euros que me dió para que cogiese un taxi para irme a casa.
En aquel momento no lo entendí muy bien, pero supongo que era su forma de mandarme a la mierda.
Por cutre que parezca, cogí el dinero y me fui. Y para colmo no encontré ningún taxi y tuve que volverme en el Nit Bus.
Pero mira, como no me gasté los 50 euros, me he ido de compras... Y seguro que estos zapatos me duran más que cualquier hombre...
5 comentarios:
decididamente lo mejor que te ha pasado en la vida es que te dejara el Robert ese! Pero como semejante capullo te lleva a cenar con esa panda de energúmenos. Le deseo a Rober y a su rebaño de amigos frikis 1000 años de sufrimiento...y al cocinero que le corten el rabo y las dos orejas!
P.D: en serio que el profe gimnasta metio un madero con terminas en el freezer!?
No tengo consideración contigo, siento el mal rato que pasaste en la cena...Otro dia te prepararé alitas de pollo fritas, sabor que seguro que aprecias en tus delicadas papilas. :D
lo del rabo no hace falta... Pero más de 1000 años va a tener que sufrirme... Se donde vivesssss...
Lala te agradezco el detalle del rabo! uff!
...el senor Foo Goo Nes es un poco cabroncete ¿no? dandeo ideas...de porqué me suena ese nombre Foo Goo Nes....Fo Go Nes....Fogones...umm! creo que ya se quién eres! a ver si voy a tener doble personalidad!
la de la foto eres tú?¿
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